Correr, ese necesario ejercicio que las personas realizan en ocasiones excepcionales, como la de esta curiosa protagonista. Laia corría tan rápido que tuvo que rehacer su trenza tres veces, la cuarta parecía no ser la última pero no contaba con el hecho de chocarse con alguien, «¡Auch!» Exclamó en un pequeño grito mientras se frotaba la frente con su mano a la vez que alzaba su mirada para ver la persona con quién había chocado.
Ojalá pudiera contarles que aquella persona se disculpó y cada uno siguió por su camino, no fue posible pues la pecosa chica de cabellos anaranjados tomó el brazo del desconocido para que siguieran el camino juntos. ¿Pero por qué haría eso?, ni siquiera se conocen y acaba de tomar a un extraño de su brazo para llevarlo dónde ella quería.
«¿A qué curso vas?, yo voy a segundo, deberíamos correr o llegaremos tarde.» Sugirió la chica, la respuesta a la primera pregunta era sencilla, Laia había visto el escudo de la camisa que llevaba hasta ahora el extraño, que sólo se dejó llevar sin siquiera responder sus preguntas durante todo el recorrido hasta el instituto. Ella no era consciente, pero a lo largo de todo el pasillo sólo se oían murmullos de estudiantes, sabía perfectamente de qué estaban hablando.



